Enfermos mentales en prisión: RIESGOS

0Enfermos mentales en prisión, riesgos3/05/2015

La reflexión de hoy está dedicada a la problemática de los enfermos mentales en prisión, a petición de Pepe Núñez  y como continuación de esta otra entrada. En ella pudimos ver el documental “Fuera de lugar” que el director Fernando Guillén-Cuervo dedicó a esta realidad un tanto “invisible”.

En esta ocasión me voy a centrar un poco más en las causas por las que los enfermos con trastornos mentales graves tienen mayor riesgo de convertirse en víctimas del sistema penal. Esta entrada ha sido inspirada por José María López, coordinador del Plan de Ámbito Penal y Penitenciario de la Fundación Manantial, que en 2014 ha sido condecorada con la ‘Medalla de Plata al mérito social penitenciario’ por el Ministerio del Interior.

Riesgos que abocan a los enfermos mentales a la prisión:

  • Riesgos del sistema sanitario. La opción por el recurso penitenciario no responde generalmente a una elevada peligrosidad del enfermo, sino simplemente a la inexistencia de recursos sanitarios alternativos. La reforma psiquiátrica que prometió la Ley de Sanidad en 1986 (desinstitucionalización de los enfermos mentales, integración en la comunidad, etc.) se quedó prácticamente en un enunciado de principios (ver artículo 20). Supone un riesgo potencial enorme el hecho de que no existan medios suficientes para la prevención, la asistencia domiciliaria, el tratamiento ambulatorio, o el internamiento en los centros de salud, ya que muchos enfermos no pueden recibir el tratamiento médico oportuno y al no estar controlados tienen más posibilidades de cometer un hecho previsto como delito que les lleve a prisión. De esta forma, ésta acaba siendo el único recurso para “tratar” al enfermo mental grave, con lo que es probable que comience un camino cíclico de entradas y salidas de prisión.

  • Riesgos del proceso penal. La enfermedad mental del acusado a menudo pasa desapercibida ya que no se detecta durante el proceso penal, sino una vez que el condenado está ya en prisión. La falta de conocimientos de jueces, fiscales y abogados en relación a la enfermedad mental, la escasez de peritajes que se realizan, o simplemente la acumulación de trabajo en los juzgados, hace que los enfermos mentales pasen a menudo por el proceso penal siendo tratados como personas no enfermas y, por tanto, que no se haga un juicio real sobre su imputabilidad. Por otro lado, la confusión que existe entre las penas y las medidas de seguridad como consecuencias jurídicas del delito es patente en muchas sentencias penales, pues muchas veces no se distingue del todo entre la imposición de unas u otras y se tiene que pedir aclaración al respecto desde los propios centros penitenciarios. Por último, el desconocimiento que todavía axiste sobre las medidas alternativas a la prisión hace que ésta o, en el mejor de los casos, los hospitales penitenciarios, sean casi los únicos recursos a los que se deriven los enfermos que han delinquido.

Riesgos de los enfermos mentales durante su estancia en prisión (una vez condenados):

  • Sistema vicarial defectuoso. Muchos enfermos internos en centros penitenciarios se encuentran cumpliendo penas de prisión cuando entre sus condenas figura también alguna medida de seguridad privativa de libertad. El art. 99 del Código penal impone el cumplimiento prioritario de estas medidas frente a las penas de prisión (sistema vicarial), aunque no especifica el supuesto de concurrencia de penas de prisión y medidas privativas de libertad impuestas en diferentes procesos. Por ello, en muchos casos se sigue cumpliendo la pena de prisión en vez de solicitarse su suspensión al sentenciador.

  • Inexistencia de formación específica en el personal penitenciario. Los funcionarios de prisiones no son especialistas en enfermedades mentales, pero son responsables de que se cumplan las normas de convivencia, higiene, comidas…, lo que no siempre es fácil con los enfermos mentales, dada la complejidad que genera no saber muchas veces cómo tratarlos. La ausencia de concienciación suficiente sobre la diferencia que existe entre un interno “común” y un interno-paciente deriva muchas veces en un mismo tratamiento para unos y otros. El profesional penitenciario debería primar la condición de paciente a la de recluso en el caso de los enfermos mentales graves, pero para ello es necesario que la institución penitenciaria le forme para ello, y le apoye con los recursos y protocolos convenientes. Desgraciadamente sólo algunos profesionales de los equipos técnicos poseen esa formación, y muchas veces tenerla depende únicamente de su buena voluntad.

  • Falta de coordinación entre instituciones. No existen mecanismos definidos de coordinación entre la red pública asistencial y la penitenciaria que permitan garantizar una adecuada comunicación entre ambos dispositivos y que deriven en una prestación sanitaria satisfactoria. Generalmente, dicha conexión depende del mayor o menor interés de los trabajadores penitenciarios implicados.

  • No existen protocolos claros de incapacitación que deban iniciarse desde prisión. Su puesta en marcha depende también en muchos casos del voluntarismo de los trabajadores sociales y demás personal de tratamiento de los centros penitenciarios, primando en este terreno las relaciones informales entre trabajadores penitenciarios y fiscales.

  • Diferencias en la asunción de competencias entre Comunidades Autónomas. Existe una clara desigualdad entre unas Comunidades y otras en relación a la preparación de los enfermos mentales para su la puesta en libertad. El mayor obstáculo para dicha equidad está en la falta de transferencia a las Comunidades Autónomas de los servicios sanitarios dependientes de Instituciones Penitenciarias, prevista en la Disposición Adicional Sexta de la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud (sólo País Vasco y Cataluña han hecho realidad este mandato). Por ello, los internos que padecen trastornos psíquicos no reciben una atención médico-sanitaria equivalente a la dispensada al conjunto de la población, incumpliéndose así el mandato contenido en el art. 208 del Reglamento Penitenciario.

  • Deficiente regulación normativa. Las lagunas y la falta de sistemática normativa en la regulación de las medidas de seguridad, por un lado, y de las unidades psiquiátricas penitenciarias, por otro, conllevan una enorme falta de seguridad jurídica para los enfermos condenados. Los propios profesionales penitenciarios dudan muchas veces de la base legal a aplicar en determinados aspectos de la vida de estas personas en prisión.

  • Escasa utilización de los mecanismos legales existentes. Se constata que en muy pocas ocasiones se recurre a mecanismos contemplados en nuestra legislación que podrían evitar estancias largas de los enfermos mentales en prisión, o al menos en el régimen ordinario de cumplimiento. Por ejemplo, las propuestas de suspensión de la pena de prisión a los Jueces de Vigilancia Penitenciaria (art. 60 del Código penal), o la concesión del tercer grado por razones humanitarias de los enfermos muy graves con padecimientos incurables (art. 104.4 del Reglamento Penitenciario). Que se inicien los procedimientos contenidos en estos preceptos depende sobretodo de la iniciativa de los profesionales penitenciarios, que brilla por su ausencia cuando padecen una sobrecarga de trabajo.

  • Inexistencia de unidades psiquiátricas en los centros penitenciarios ordinarios, a pesar de su previsón legal (art. 183 y ss del Reglamento Penitenciario). Ello hace que los enfermos mentales acaben desperdigados por los módulos de la prisión o, en el mejor de los casos, en las enfermerías.

  • Programas de tratamiento en prisión. Los Protocolos de atención integral al enfermo mental creados por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (programa PAIEM), sin dejar de ser un gran avance para la calidad de vida de estas personas en prisión, pueden estar operando como un arma de doble filo, dado que cada vez más jueces utilizan la existencia de estos programas y de las enfermerías de los centros penitenciarios para justificar el ingreso en prisión de los enfermos mentales. Por lo tanto, el objetivo primordial de evitar su entrada en el medio penitenciario acaba quedando en un segundo plano.

  • Clima penitenciario. Los objetivos del programa PAIEM y sus probabilidades de éxito chocan constantemente con las dificultades que implican el ambiente penitenciario, la seguridad y el funcionamiento regimental propio de las prisiones. Adecuar las actividades terapéuticas a lugares de encierro conlleva un gran número de limitaciones en las posibilidades de actuación.

  • Conflictividad. Debido al comportamiento impulsivo, las reacciones imprevistas o la falta de higiene que muchas veces presentan las personas con trastornos mentales greaves hasta que logran estar compensados en su enfermedad deriva a menudo en conflictos con el resto de internos. También es habitual la manipulación y el abuso que sufren por parte de los internos comunes. La observación y mediación por parte de los profesionales penitenciarios en este sentido es imprescindible, así como la presencia de “internos de apoyo” que les acompañen a diario.

  • Riesgo de suicidio. La presencia de un trastorno mental grave unido a la desesperanza que supone el ingreso en prisión, constituye un factor de riesgo autolítico mayor en los enfermos psiquiátricos que en los internos comunes. Afortunadamente, los protocolos en Instituciones Penitenciarias para la prevención de riesgos de suicidio son cada vez más exhaustivos.

  • Cumplimiento “íntegro” de las penas. Las dificultades para disfrutar de permisos de salida, y para acceder al tercer grado penitenciario y a la libertad condicional, son mucho mayores en internos con trastornos mentales graves. Con frecuencia se trata de personas en situación de abandono o desprotección con una desvinculación total de familiares o instituciones que le tutelen. Muchas veces las propias familias no se ven preparadas para acoger a enfermos con trastornos mentales graves, ni disponen de recursos económicos para garantizar una intervención asistencial en alguna residencia o centro privado, o se niegan a tenerlos en casa por la alteración que supone en la convivencia familiar, especialmente cuando los delitos han sido cometidos en el seno de la familia. Por ello, muchos enfermos en quienes concurren los requisitos legales para disfrutar de una mayor libertad que les prepare para la excarcelación definitiva, en la práctica no pueden acceder a ella por la escasez de instituciones de acogida públicas o privadas que puedan suplir a la familia.

Riesgos posteriores a la excarcelación:

  • Falta de continuidad en la intervención. Al no haber protocolos de derivación del enfermo mental en su vuelta a la comunidad, el tratamiento que se pueda haber iniciado en el programa PAIEM de los centros penitenciarios muchas veces no tiene continuidad, provocando fácilmente una descompensación de quienes pudieron mejorar su calidad de vida por su contacto con el programa. Por otro lado, al haber estado controlado el cumplimiento del tratamiento farmacológico, muchos enfermos que salen en libertad dejan de estar supervisados y por ello abandonan la medicación y el tratamiento. Por desgracia, muchos enfermos mentales crónicos sólo son atendidos mientras permanecen en prisión, y cuando son excarcelados, si no demandan asistencia de lo servicios sanitarios, acaban siendo ignorados y se desconectan por completo del sistema de salud público.

  • Falta de apoyo familiar. La excarcelación del enfermo mental debe ser planificada con antelación y en colaboración con la familia, tutor o institución que se vaya a hacer cargo del interno. El problema es que en multitud de ocasiones el interno que sale en libertad no va a ser recogido por su familia, ni por ninguna otra persona (de ahí la importancia de tramitar los expedientes de incapacitación en los casos que corresponda). Si el enfermo no cuenta con ningún apoyo por parte de la familia, resulta muy difícil que se integre en la sociedad si tampoco existe una red social y sanitaria de apoyo suficiente.

  • Reincidencia. Como consecuencia de todo lo anterior, la inexistencia de un proceso de reinserción progresivo que permita una adecuada preparación para la vida en libertad, hace que muchos enfermos mentales acaben ingresando nuevamente en prisión (fenómeno de la “puerta giratoria“), lo que podría evitarse en muchos casos si existiera recursos asistenciales suficientes y coordinación entre las instituciones.

  • Exclusión social por duplicado. El riesgo de exclusión social de estas personas es mayor dada la doble estigmatización que padecen al sumarse en ellos la etiqueta de “enfermo mental” a la de “ex recluso”. Frente a ello, es imprescindible que brindemos todo el apoyo y difusión que podamos a la labor de organizaciones como Fundación Manantial o Feafes contra este estigma.

Propuestas de mejora:

  • La creación por parte del Estado de recursos sanitarios suficientes para la detección temprana, la asistencia domiciliaria, el tratamiento ambulatorio y el internamiento en los casos más graves de enfermedad mental.

  • Hacer efectiva de una vez por todas la transferencia a las Comunidades Autónomas de los servicios sanitarios dependientes de Instituciones Penitenciarias, prevista en la Disposición Adicional Sexta de la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud.

  • La coordinación entre instituciones de la red sanitaria, de justicia y penitenciaria, de manera que antes, durante y después de la entrada del enfermo en prisión este sea tratado realmente como un enfermo y no como un ciudadano plenamente imputable, y que ello suponga una continuidad en el tratamiento que necesita.

  • Una reforma legislativa integral que recoja todo lo anterior, teniendo en cuenta la opinión de los colectivos que trabajan día a día con personas que padecen un trastorno mental grave.

  • Facilitar una formación específica a jueces, fiscales, abogados y profesionales penitenciarios en el conocimiento de la enfermedad mental, y una concienciación sobre el único objetivo prioritario: evitar la entrada en prisión del enfermo y conseguir que tenga acceso a una asistencia sanitaria y social de calidad.

Y mientras estas propuestas, que quizá parezcan demasiado abstractas, se hacen realidad, apostaría por:

  • Que los juristas de prisiones estemos atentos a las posibles soluciones legales que puede tener cada caso de trastorno mental grave en prisión: propuesta de suspensión de pena, propuesta de tercer grado por enfermedad grave con padecimientos incurables, petición de prisión atenuada en los casos de presos preventivos, etc.

  • Que los trabajadores sociales de los centros se sigan esforzando en contactar con los pocos recursos externos que pueden acoger y apoyar a estos reclusos en su salidas de permiso y en su progresiva excarcelación.

  • Que los directores y subdirectores de las prisiones nos apoyen institucionalmente de cara a a alcanzar una comunicación fluida con jueces, fiscales y demás profesionales que pueden conseguir una mayor calidad de vida de estos internos (especialmente, que dejen de ser “internos” en prisión).

  • Que todos los profesionales penitenciarios sigan realizando las labores de observación necesarias para colaborar en la detección de trastornos mentales no identificados previamente, para que al menos el paso por la prisión sirva para que estas personas puedan iniciar un camino de recuperación y de mejora en su calidad de vida.

  • Que sigamos contando a la sociedad que este es un problema de todos, y que depende de todos que los enfermos mentales puedan tener una vida más digna, y que si les ayudamos a integrarse de forma real dejarán de ser vistos como un peligro para su entorno.

Si has llegado hasta aquí, gracias por leer. Os invito a que compartáis vuestras experiencias, vuestros problemas, vuestras propuestas o vuestros puntos de vista sobre este tema. Seguro que entre todos conseguiremos que las cosas mejoren, ¿o no recordáis lo que ocurrió durante los debates del proyecto de reforma del código penal? Este es un gran ejemplo que demuestra que cuando sumamos esfuerzos hacemos que las cosas cambien 🙂

Paloma Ucelay, Jurista del Cuerpo Superior Técnico de Instituciones Penitenciarias.

Foto cortesía de Aundre Larrow, vía stocksnap.io

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20 pensamientos en “Enfermos mentales en prisión: RIESGOS

  1. María

    Gracias por tener presente a este colectivo tan vulnerable.
    Añadiría otra consideración como es la de las dificultades derivadas del idioma. En el Centro Penitenciario de Mallorca hay un porcentaje considerable de extranjeros y en ocasiones he visto que se les ha aplicado un régimen disciplinario y represivo, incluso de varios meses en celdas de aislamiento, simplemente porque no se entiende su idioma y no se ha detectado que padecieran una enfermedad mental, así que han quedado englobados en el concepto de “presos peligrosos” y se les ha dado este tratamiento. No sé cómo está la cuestión de intérpretes en los centros penitenciarios, me imagino que es inexistente o casi inexistente y que lo más que se consigue es que un preso te haga de intérprete de otro, eso si el funcionario en cuestión tiene interés en buscar alguien que le facilite la comprensión de un preso que sólo sabe wolof, o sólo sabe una de las infinitas lenguas que se hablan en Nigeria, o sólo sabe chino, o sólo sabe alguna lengua eslava, por ejemplo.

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    1. Paloma Autor

      María, tienes toda la razón, el idioma es una dificultad enorme añadida a la enfermedad mental. Habría que sumarlo a la lista como un riesgo más. Entiendo lo que dices porque en mi centro he visto casos como el que relatas: internos clasificados en primer grado que se trasladan de una prisión a otra porque dan muchos problemas, pero no se sabe muy bien qué hacer con ellos, aunque nadie duda de que son enfermos.
      En cuanto a los intérpretes, casi no existen, o al menos yo no tengo noticia prácticamente de ninguno. A los técnicos (juristas, psicólogos) nos examinan en la oposición de un idioma (puede ser de la Unión Europea o árabe), pero luego no se nos reclama para que lo pongamos en práctica. Yo lo utilizo en mis entrevistas cuando es necesario (inglés, francés, algo de portugués), pero para lo demás, como dices, se recurre a los propios internos compatriotas, si es que los hay.
      Un saludo y gracias por tu aportación

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  2. Pingback: “Enfermos mentales en prisión: riesgos” | Boletín Informativo de la Sanidad Pública

  3. chema calvin

    también desde mallorca

    enhorabuena por tu artículo, paloma,
    me permito incluirlo en el blog de nuestra asociación La Nostra Veu, junto al documental de guillén-cuervo, formo parte como coordinador, psicólogo y multitarea, de una asociación de usuarios de salud mental y familiares, un puñado, que pretendemos dar protagonismo a los usuarios, al menos en las cuestiones que les afectan directamente, el año pasado entramos en contacto con personas que cumplen la última parte de su condena tutelados por entidades sociales, aquí el Grupo de Educadores de Calle (GREC), incluso alguno de ellos participa desde entonces en las actividades que organizamos

    encuentro que es un tema interesante que empecé a conocer trabajando en un centro de menores (de reforma y protección) de zaragoza donde muchos traían consigo un problema de salud mental que, para entonces me resultaban absolutamente extraños, esquizofrenia, trastorno de personalidad, psicosis, algunos acabaron en prisión…

    trabajando en el hospital psiquiátrico de mallorca he conocido también algún caso de difícil comprensión si no se apela al historial de trastorno mental y quizá a la condición de extranjería y la falta de cuidados sanitarios que pueden convertir a una persona en un peligro para sí mismo o para otros, y que en este caso, hasta donde sé acabó en prisión

    tengo entendido que en el centro de internamiento de mallorca sí hay módulo psiquiátrico y que se está gestando una reforma en colaboración con entidades sociales para atender este colectivo, pero si para los que no han cometido ningún delito no hay recursos, imagina para los que directamente salen de prisión. hasta donde nosotros llegamos tienen nuestro apoyo como cualquier otra persona que haya padecido el diagnóstico, así que desde nuestro ámbito reclamamos atención social y sanitaria para todos y ‘justicia’ para un colectivo, como decía maría, especialmente vulnerable, como son las personas con trastorno mental privadas de libertad

    nada más, gracias por tu aportación

    un saludo,
    chema

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  4. Paloma Autor

    Muchas gracias por tu extenso comentario, Chema. He añadido el link a vuestra web y a la del GREC, para que tengáis más visibilidad desde aquí, por si pasan más lectores de Mallorca y les interesa contactar con vosotros. No tenía noticia del módulo psiquiátrico del que hablas, a ver si alguien nos puede dar más información sobre él.
    Es una gran noticia saber de grupos como vosotros, sin los cuales no sería posible ofrecer una mejor calidad de vida a los enfermos con trastornos mentales graves. Estáis haciendo una gran labor mientras el Estado se decide a tomar parte en este problema. Por eso os doy la enhorabuena, por mejorar esta realidad a la vez que denunciáis la falta de actuación de los poderes públicos.
    Un saludo y gracias de nuevo

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  5. Juan Ignacio Marín Anaya / abogado

    Muchas gracias por tu extenso y digno estudio.
    También añadiría a modo de estudio la afectación del consumo compulsivo de todo tipo de drogas, que a modo de círculo vicioso afectan a las funciones cerebrales, extensamente estudiado ppr todo tipo de expertos en la temática.
    Me tomo la libertad de publicar éste artículo en mi página de Facebook.
    Muchas gracias por tu aportación y tu trabajo.

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  6. Paloma Autor

    La patología dual en prisión y el acceso “fácil” a todo tipo de sustancias es una realidad que empeora la situación de estas personas. Totalmente de acuerdo, Juan Ignacio. El consumo de drogas en muchas ocasiones es causa de psicopatologías, y también muchas veces aparece como consecuencia de trastornos psíquicos ya existentes, ya que se busca como alivio de los propios síntomas por los enfermos.
    Un riesgo más a añadir a la lista.
    Muchas gracias por comentar y compartir.
    Un saludo

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  7. luis

    Muchas gracias por la gran información que aporta desde esta página.
    El caso es que esta situación que explica es justamente la que estamos pasando en mi familia.
    Tenemos a mi padre diagnosticado con trasntorno delirante tras su ingreso en prisión hace ya 12 años. Su situación claramente no ha evolucionado.
    Ha cumplido por reincidir por la misma causa más de12 años en Fontcalent y recientemente al volver a su vida en libertad vuelve a cometer el mismo delito y solicitan de nuevo su ingreso en prisión.
    Parece que nadie tiene en cuenta su enfermedad mental, y eso que se le incapacitó antes de su salida pero parece ser que no ha servido de nada.
    Ahora, a la espera que se celebre juicio y con el reconocimiento por parte del forense del juzgado de su transtorno mental , de nuevo nos enfrentamos a esta lucha incesante. El fiscal y la parte que acusa nos piden 50.000€ en concepto de indemnización… ¿Que pasa con el art 20? ¿Sirve de algo?
    Lleva doce años en prisión, declarado enfermo mental, su delito nunca ha sido grave pero su inconsciencia total le lleva a continuar vulnerando la orden judicial. Y suma y sigue. ¿Hasta cuando?
    ¿Si ahora le condenan como ya ha pasado anteriormente que hacemos cuando vuelva a salir? ¿De nuevo nos vemos en los juzgados todos? No sabemos como salir de este bucle.
    Ya no se que hacer, pues parece que nadie tiene en cuenta que es un enfermo mental y ya nos está afectando a toda la familia. Yo personalmente he desarrollado un cáncer hace unos años y no quiero pensar que hubiera podido ser por como me afecta todo este caso imposible de llegar a resolver.
    Sólo pido que esto pare o veremos como mi padre estando enfermo mental muere en la cárcel: en estos años en fontcalent ya ha perdido la próstata, la vegiga y le están mal funcionando los riñones…
    ¿Qué debemos hacer?

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    1. Paloma Autor

      Luis, lo que cuentas es escalofriante. Es un claro ejemplo de muchas de las cuestiones que se abordan en el post. Cada caso es un mundo, y habría que ver los detalles, uno a uno. Son muchos problemas y es necesario abordarlos por separado. No sé si contáis con abogado y qué os estará aconsejando. En todo caso, se me ocurren varias cosas, aunque probablemente no te diré nada nuevo… En primer lugar, que os aseguréis de que tu padre está siendo atendido por el jurista de Foncalent, de forma que todas las vías jurídicas que puedan serle de aplicación estén puestas en marcha. En segundo lugar, supongo que habréis contactado con alguna asociación de familiares de enfermos mentales. Si no es así, creo que su apoyo está teniendo un valor incalculable, y mientras el estado siga mirando para otro lado en muchas de estas cuestiones, estas organizaciones cuentan con una experiencia y una logística que no tiene precio. En tercer lugar, os animo a que escribáis o habléis de vuestro caso en todos lo medios que podáis. Creo firmemente que si la sociedad no conoce de verdad el problema, no demandará una solución. Es imprescindible que entre todos recordemos al Estado el compromiso que contrajo con los enfermos mentales graves, como tu padre, y que los gobiernos, uno tras otro, están incumpliendo esta obligación legal.
      Mucho ánimo, espero que podáis ver algo de luz tarde o temprano, no desesperéis.

      Responder
  8. Sandra

    A ver qué tal funciona el programa “puente” para los enfermos mentales que llegan al tercer grado, esperemos que no sea otro papel mojado más…

    Responder
  9. Paloma Autor

    Buen apunte, Sandra. Efectivamente, hace unos años que se creó esta rama del Programa PAIEM para los internos que acceden al tercer grado, aunque su implantación está siendo lenta y progresiva, y no está llegando a todos los centros al mismo tiempo. Veremos qué restultados tiene.

    El programa al que se refiere Sandra es el “Programa Puente de Mediación Social“, y se puede consultar aquí.

    Para el que tenga interés y ganas, también es interesante leer la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud de las Comisiones de Análisis de Casos de Personas con Enfermedad Mental sometidas a Penas y Medidas de Seguridad. Podéis ver el documento pinchando aquí.

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  10. Msria

    Gracias por toda la información aportada.Desgraciadamente vivo esta situación en primera persona ya que mi hermano que esta diagnosticado de trastorno personalidad y squizofrenia residual y cpnsumo de alcohol y drog ha ingresado en prisión en dos ocasiones y creo que ahora ba a ser el la tercera y en todas las ocasiones ha sido por ejercer violencia doméstica.
    Tiene un grado de minusvalía de un 70% Y esta catalogado como grado II en la ley de dependencia.He tramitado ingreso involuntario en juzgado y el medico fOrense aunque reconoce que tiene enfermedad mental lo considera apto para decidir.Logre estando la última vez en prisión que la junta de Andalucía mandara un trabajador social para hacer la valoración a efectos de ley de dependencia. Luego hicieron PÍA y se le asignó un recurso residencial en casa hogar.Pero el no quiso estar allí y al no ser un centro cerrado se marchó cuando quiso.Hoy esta detenido y la historia vuelve al punto O con un grado de deterioro mayor para el enfermo y para dos la familia.

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  11. Miguel

    Coincido en lo que dices en el artículo, concretamente la primera de las soluciones que propones me parece fundamental. Es lo que siempre he pensado; llevar el tratamiento sanitario habitual al campo de las enfermedades mentales. Ya simplemente con una detección precoz del los trastornos mentales durante la adolescencia se evitarían la mayor parte de los sufrimientos derivados de este tipo de enfermedades. Sin marginar a los pacientes, solo concienciándolos de su dolencia y procurándoles un tratamiento, como se hace con la diabetes, por poner un ejemplo.
    Pero la verdad es que soy un poco pesimista sobre este punto; la enfermedad mental está profundamente estigmatizada en la mayoría de las sociedades. Sufre el peso de la carga atávica del origen de la misma: los que la padecen han sido maldecidos por los dioses. Deben, por tanto, ser apartados de la sociedad para no atraer esa misma maldición al resto de la sociedad. Las cárceles son un lugar tan bueno como cualquier otro, antes se los arrojaba a los manicomios o se les recluía de por vida en las estancias más apartadas del hogar familiar, lejos de las visitas y del exterior.
    Mientras la sociedad no asuma que la enfermedad mental es un tipo de enfermedad más, como lo pueda ser cualquier enfermedad fisiológica, no saldrán estos enfermos de su reclusión. Perdón por ser tan categórico, pero es que a veces pierdo la esperanza en que estos temas se resuelvan de una manera racional, sobre todo en tiempos como estos, en los que el valor humano de estas cuestiones se diluye en el fango del miedo y la alarma social. Y en los que ante estas amenazas, la sociedad responde con una mayor represión y dureza hacia los considerados como elementos perniciosos, y no como seres humanos con problemas, por más ajenos a nosotros que nos quieran parecer estos problemas.

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    1. Paloma Autor

      Me parece muy acertado tu comentario, Miguel. Por desgracia, creo que tienes bastante razón. Sólo nos queda denunciarlo en todos los foros y ámbitos posibles para que el problema sea más visible, y restarle el componente de alarma social que muchas veces interesa destacar a los políticos (y a la prensa) para no dedicar tiempo y recursos a solucionarlo.
      Gracias por participar y enriquecer el debate.
      Un saludo

      Responder
      1. Miguel

        Gracias a ti por abrir este tipo de debates, ojala la sociedad comience a girar hacia rumbos más humanos, como el que refleja tu artículo.
        Un saludo cordial.

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  12. Liliana

    Mi hermano estuvo en una cárcel en España por 10 años , allí fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide ; pago su condena y aún sabiendo su condición le preguntaron si se quedaba en España son papeles le iban a ayudar a pensionarse, obviamente el no acepto, por su salud mental tan grave.hace unos meses le dieron su “libertad” hoy está internado en un centro psiquiátrico que se está pagando con la ayuda de mi mamá que se parte el lomo en España. Me parece una total injusticia lo que hicieron con el, como está de traumatizado ahora , es un hombre de 32 años sin vida. De alguna manera el estado debería retribuirle todo el daño que causó en el.para poder darle un resto de vida digna.

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  13. libre

    privar de la libertad a las personas es perpetuar la esclavitud.. Cambia la historia, siendo libre, dejando libres al resto..

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  14. Smylaw

    Excelente artículo, Paloma, te honra, dar visibilidad a los problemas de personas vulnerables como somos los enfermos mentales, es digno de mención.
    Yo personalmente estoy inmiscuido en un juicio por violencia de genero por un mensaje que fue en sentido de humor absurdo y de ironía desde el cariño y se interpretó al revés, en fin que me piden dos años de cárcel y 5 años de orden de alejamiento, no se que pasará, pero visto lo visto como están las cárceles es un tanto desalentador. Yo querría ayudar a esos presos pero no se si estoy preparado, últimamente estoy un poco agobiado como Epi y Blas en una cama de velcro, le voy a mandar el link a mi abogada de este post, a ver si creo conciencia. Un cordial y afectuoso saludo desde Mallorca

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  15. Gustavo

    hola soy sordo que necesito porque mi enfermedad mental porque muchos enfermo remedios muchos todos los dias … siente mal no hay control y violencia problemas gentes muchos dificil.. puede donde lugar hospital lugar enfermo metal niños y jovenes … me aviso mi celular es wsp : +56988942157 envia ..

    gracias saludos

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